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mortalidad
prematura, desnutrición, pobreza
Tiempos de
crisis
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El 71,4% de los
niños correntinos está sumergido en la pobreza
El 42% más
pobre de la población vive con menos de dos pesos diarios
El 57,7%
recibe remuneraciones inferios a los quinientos pesos
El 31%
está por debajo de la línea de pobreza
El 18,8%
(150.000) vive en la indigencia
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La provincia de Corrientes
fue intervenida por el gobierno central a fines de 1999, pero la aguda
crisis social no se ha ni siquiera atenuado desde entonces. Índices tan
relevantes como los de mortalidad infantil, desnutrición, pobreza y
desocupación se han disparado o en el mejor de los casos permanecen
intangibles. La transformación de la provincia parece ahora solamente
un derruído solgan de candidatos en campaña electoral. Aunque tienen
signos distintos, las administraciones se suceden unas a otras sin que
ninguna acierte a resolver el atraso histórico. Recientes estudios
revelan que más de medio millón de personas vive bajo la línea de
pobreza, ciento cincuenta mil en la indigencia absoluta, once de cada
cien niños nacidos con peso insuficiente, cuatro de cada diez que no
reciben las vacunas obligatorias, setenta y cinco mil desocupados
y subocupados sobre una población económicamente activa de trescientas
mil personas.
Pero no solamente las
estadísticas muestran el retroceso; el presente se ha vuelto más
difícil desde que el lanzamiento al mercado de bonos de alcance local,
utilizados por el Estado para cubrir una parte de los salarios de la
administración, han disparado el costo de vida y generado un mercado
negro que no se veía desde tres décadas atrás. De todos modos, el
gobierno federal, a punto de concluir su gestión, podrá hacer
jactancia de haber conseguido una provincia financieramente "en
orden".
Acaso como una paradoja
burlona, Corrientes, enclave de una de las represas hidroeléctricas
más potentes del mundo, Yacyretá – Tierra de la Luna, en
lengua guaraní-, paga el precio más alto de energía, en todo el país. Mientras, los
políticos de la provincia se sacarán los ojos cada dos años por una
banca en el Congreso nacional, y cada cuatro por una silla en el Ente
que regula el funcionamiento de la presa. Recientemente la Dirección
Provincia de Energía, codiciada presa de los inversionistas privados,
se vio en problemas para justificar aumentos en las tarifas
domiciliarias y comerciales considerados "groseros e
inaceptables" por la población. En realidad la decisión
respondía a una estrategia de la Intervención que se basa en recaudar
a cualquier precio, lo que también indujo a un alza en los impuestos de
los pequeños contribuyentes y en las cuotas de las viviendas reguladas
por planes provinciales.
Del 30 por mil son los
índices de desnutrición y mortalidad infantil, cifras que se ubican
entre las más altas del país. En la propia Capital el índice es del
29 por mil, mientras que en departamentos como el de San Martín es el
del 54 y en Santo Tomé del 40. Además, la desatención en salud
pública hizo recrudecer los casos de Klebsiella y otras enfermedades
como la tuberculosis.
En 1991, los desocupados
de la provincia representaban el 5,6% mientras que en mayo del año
pasado esa cifra se había convertido en un 13,4 por ciento. En el
último período se constataron alrededor de nueve mil despidos en la
administración pública y la quiebra de un tendal de comercios y
empresas. No deja de ser irónico que figuren como "ocupados"
miles de correntinos que sobreviven con menos de dos pesos diarios.
No es una casualidad,
aunque nadie políticamente se hará cargo, que el paisaje de las
principales ciudades se haya poblado de niños y desvalidos intentando
vivir de la caridad y de vendedores ambulantes que ofrecen mercaderías
ingresadas, en muchos casos, desde los países fronterizos, ya sea el
Paraguay o el Brasil.
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