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Nuevas
formas de organización civil
Una
reforma democrática
Por Eugenio Montero
El voto castigo que, como en
aluvión, se desparramó por las principales ciudades del país el 14 de
octubre mueve a preocupación, paradojalmente, a representantes del
establishment, las capas medias y la intelectualidad progresista. Los
primeros temen la pérdida del espacio histórico ganado en el contexto
de reglas institucionales de juego que le han permitido imponer
hegemónicamente sus intereses; los restantes que este cuestionamiento
al sistema retrotraiga el statu quo a los negros períodos de las
dictaduras cívico-militares.
Estos últimos parecieran no
visualizar el trasfondo del castigo social, en donde subyace la idea de
superación de un sistema político institucional que ha dejado de ser
instrumento de las mayorías porque se ha vuelto contra ellas y las ha
sojuzgado.
Que sectores de la derecha
intelectual argentina hayan atizado el voto bronca del 14, no los
sindica como los progenitores de la iniciativa, que, más bien, parece
haber crecido con autonomía de cualquier factor de poder. Sí, en todo
caso, habla en favor de la lucidez orgánica de esos sectores para
escudriñar los procesos sociales. Es verdad que se intentará
aprovechar el corte entre la sociedad y las representaciones formales
del sistema para cerrar espacios democráticos, y fogonear la
fujimorización del poder; pero ello no significa que esa sea la
dirección de la crítica social a las democracias controladas.
Puede que se esté en tránsito
–todo indica que a escala mundial- a nuevas formas de organización
institucional, con grados inéditos de participación y gravitación
social en las decisiones de gobierno. Por supuesto que no toda la
sociedad gira en el mismo sentido; una parte todavía pone un corsé a
su conciencia y se ubica en el campo de la reacción cuando aparece
elevando irracionalmente votos de fe en el altar de la democracia, y,
cuando, en vez de sacudir el tablero del sistema, se inmiscuye en él
para "transformarlo".
El síndrome del mal menor,
como un tic, condiciona desde la recuperación de la democracia a una
franja de la sociedad y como si llevara sobre sus espaldas un peso
insoportable del que es incapaz de librarse, apuesta, una vez y otra,
antes que a un proyecto de país, a lo menos malo, o lo que ha
sido instalado como tal. Se evidencian prejuicios para repensar la
realidad y otras formas de representación en lo institucional y en lo
político; o bien la tendencia a restringir esa posibilidad al terreno
de las utopías. Factores como la cultura, la historiografía, la
tradición,la psicología, la colocan en un circuito hostil a su propio
interés y la dejan cautiva del slogan hegemónico de turno, presa de
una contradicción insalvable: no cree en los políticos y sus partidos,
pero considera que lo institucional es inalterable.
Sin embargo, "Métanse
su democracia por el culo", fue el reciente cachetazo de los
universitarios mexicanos al sistema político de ese país. También es
méxicana, pero zapatista, la consigna: "Que los gobiernos
manden obedeciendo" Los venezolanos, refundan su República, y
socavan la hegemonía de los partidos. Los Autoconvocados
correntinos durante el 99 mantuvieron en jaque al establisment, dieron
la espalda a toda forma de autoritarismo, partidos políticos y
sindicatos incluidos, y ejercitaron la democracia directa para la toma
de decisiones en un proceso similar al que produjeron los piqueteros en
distintos puntos de la Argentina.
Precisamente, núcleos de
Autoconvocados de Corrientes, entre ásperos cuestionamientos al sistema
político, proponen una reforma democrática, recogiendo reflexiones
similares de Pablo Bergel, representante en la Argentina del Foro Social
Mundial (Ver Huelga de ciudadanía). Levantan críticas a aquello
de que el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus
representantes, y se afirman en las demandas de una democracia más
participativa y directa, con la introducción de mecanismos de control
popular a la gestión de gobierno.
"¿Quiénes son nuestros
representantes? ¿Por qué solamente los que surgen de partidos
políticos cada vez más irrepresentativos? ¿Por qué estas formas
institucionales son excluyentes?. ¿Por qué debe aceptarse con
resignación la malversación que se comete un turno electoral tras
otro?, se preguntan los
Autoconvocados. Mientras, afirman que los procesos sociales no son
"eternos" y hacen un llamamiento para actualizar nuestra
organización institucional en función de las demandas de la sociedad,
y legalizar otras formas de representación y de ejercicio de la
democracia. Más y no menos democracia, en eso se resume su
proclama.
Por su lado, Pablo Bergel,
apunta en la misma dirección cuando señala que "vemos un sistema
de representación que no representa y que expropia el mandato
popular". Sostiene que la alternativa es "una reforma
democrática mediante la introducción de instrumentos y prácticas de
democracia directa. La representación por medio de los mandatarios debe
ser subsidiaria y subordinada a la decisión directa de los
ciudadanos".
Los cuestionamientos involucran
a la vigencia de un Poder Ejecutivo que acumula superpoderes en desmedro
de una democracia parlamentaria, que redundaría en una profundización
de la democracia.
EL
MODELO ESTA AGOTADO
Huelga
de ciudadanía
Estas
elecciones dejaron en claro que no solo el modelo económico est
agotado en Argentina; también lo está el sistema político que le
ha sido funcional. Un sistema de democracia delegativa restringida, en el
que los ciudadanos, a los que por ley se obliga a votar, son
sistemáticamente robados de su voluntad política, por parte de los así
llamados "representantes" (con notorias excepciones individuales
que confirman la regla), a los que ninguna ley obliga a obedecer a sus
electores, ni permite a estos controlarlos ni destituirlos. El sistema
funciona hoy para legitimar, por medio del voto obligatorio, un poder que
se vuelve en contra de la sociedad que lo constituye; el voto es hoy un
contrato unilateral; un cheque en blanco girado por cuatro años. Menem
supo explicitar con cínica desfachatez lo que una mayoría hipócrita de
la dirigencia trata de disimular;"...si decía lo que iba a hacer en
el gobierno, no me votaba nadie...".
El inédito
porcentaje de no votantes voluntarios, de blancos y anulados que ocurrió
el domingo-también en Corrientes, en donde los votos en blanco y nulos
alcanzaron una cifra record (8%)a lo que hay que sumar el 30% de
abstencionismo-puede catalogarse como una huelga de ciudadanía; una
desobediencia masiva, un "corte de ruta" de los ciudadanos a un
sistema de representación que no representa, sino que sistemáticamente
desobedece y expropia el mandato popular (es necesario remarcar la palabra
"sistema", ya que esta huelga ciudadana no es contra muchas
buenas, aunque dispersas, candidaturas individuales, si bien, al estar
transitando esta ruta electoral, se vean perjudicadas por el corte).
¨Significa esto un decaimiento en la voluntad participativa de la
sociedad, un abandono de las convicciones democráticas?. Para nada: el
estado de movilización de la sociedad argentina, en el mayor nivel desde
los '70, muestra lo contrario: existe una creciente politización, un
aumento de la participación y la demanda pública ciudadana, pero esa
energía democrática, al no encontrar expresión leal y consecuente en el
sistema político, se expresa por fuera y en contra de éste, develando su
crisis profunda.
Quiz ás
también sea el emergente de un proceso social de cambio aún en
desarrollo y una expresión de la enorme distancia que separa a las
representaciones tradicionales del sistema (partido/sindicato) de un
sector cada vez m s grande de la sociedad civil, sector que demanda
un espacio propio de participación: que busca participar con y no detrás
de. Por eso, estas expresiones acaso signifiquen la explosión ciudadana
contra un orden instituido intolerable, cuyos mandantes hacen un negocio
de la política, burlan la voluntad popular, especulan con los puestos
públicos y, en nombre del pueblo, obtienen jugosas ganancias. Esto,
asimismo, puede ser tomado como la expresión del sentimiento generalizado
de rechazo a una "democracia" en donde solamente se recogen las
demandas sociales como instrumento para conseguir mayorías electorales
circunstanciales. Fue en ese ámbito de debate que se desató la
crítica a un sistema ineficaz e incapaz de mediar eficientemente entre
las demandas de los ciudadanos y el Estado, y que, en consecuencia, sólo
sirve al interés de unos pocos.
¿Hay
alternativas?
Por supuesto
que la hay, y consiste en una profunda reforma democrática, con la masiva
introducción de instrumentos y prácticas de democracia directa (algunas,
como la iniciativa y la consulta popular, y el presupuesto participativo,
ya existen en la constitución pero son incumplidas por el régimen); la
representación por medio de mandatarios debe ser subsidiaria y
subordinada a la decisión directa de los ciudadanos en temas nacionales y
locales; y cuando la delegación se torna funcionalmente imprescindible,
debe estipularse claramente el "contrato electoral" entre
representante y representados, fijando el objetivo, modalidad y finalidad
del mandato, su forma de control y derogación por parte de los
ciudadanos, de modo que los representantes efectivamente no puedan sino
"mandar obedeciendo" a sus electores.
Se nos dice
que el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus
representantes. Pero, ¿quiénes son nuestros representantes? ¿Por qué
deberían serlo solamente aquellos surgidos a través de partidos
políticos cada vez menos representativos ? ¿Por qué‚ la sociedad
debería aceptar resignada la malversación que se comete desde el poder,
un turno electoral tras otro?
Ningún
proceso histórico es eterno. Lo que en algún momento sirvió como
instrumento social para el cambio y el progreso, podría no servir hoy.
¿Por qué‚ los partidos o los sindicatos, por ejemplo, debieran ser la
forma que ha venido de una vez y para siempre a organizarnos en la lucha
por los derechos civiles? ¿Por qué‚ instituciones como las que
conocemos debieran ser los ámbitos excluyentes donde se tomen las
decisiones? Es en esa dirección que debería plantearse una reforma del
sistema institucional que hoy nos rige. Para demarcar otras reglas de
juego, más equitativas, y dar cauce a otra etapa política, en la que el
poder público se ejerza obedeciendo al pueblo.
La fecunda
experiencia de los mecanismos participativos utilizados por los
autoconvocados durante los episodios del 99, puede tener diversas
lecturas, es cierto, pero hay una unívoca: fue un reclamo social
generalizado para reacomodar nuestra organización social de cara a las
demandas de la sociedad, legalizar otras formas de representación, de
ejercicio de la democracia.
Convocamos a
un proceso de búsqueda, debate y organización para alcanzar novedosas
normas constitucionales que reflejen más cabalmente el espíritu de los
nuevos tiempos y las apremiantes necesidades sociales.
Correntinos
autoconvocados
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