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Corrientes,
bajo la dictadura
Reportaje a la represión
Por Carlos Rodríguez (*)
"Fui detenida en mi domicilio de la
ciudad de Corrientes y llevada a dependencias de la Policía Federal de
esa localidad. Allí fui tabicada y torturada, para luego ser trasladada
al Casino de Oficiales del Regimiento de Infantería 9, donde se
realizaban simulacros de fusilamientos y también se torturaba. Uno de
los visitantes a quien vi personalmente, e inclusive fui interrogada por
él, fue el entonces comandante de la VII Brigada general Cristino
Nicolaides. Otro de los visitantes fue el entonces comandante del
Segundo Cuerpo de Ejército general Leopoldo Fortunato Galtieri, quien
estuvo a mediados de noviembre de 1976". El testimonio de Martha
Alvarez de Repetto, legajo 7055 de la ex Comisión Nacional Sobre la
Desaparición de Personas, es uno de los tantos referidos a las
violaciones a los derechos humanos ocurridas en la provincia de
Corrientes durante la dictadura militar. En esos años, como titular de
la Brigada de Infantería VII, con asiento en la ciudad de Corrientes,
el general Nicolaides estuvo al frente del Comando de la Subzona 23,
dependiente del Comando de Zona II (Segundo Cuerpo de Ejército con sede
en Rosario), cuyos jefes en los primeros años del régimen militar
fueron el general Ramón Díaz Bessone y Galtieri. Los segundos jefes
fueron, en forma sucesiva, los generales Otto Carlos Paladino (fue
también titular de la Secretaría de Inteligencia de Estado, SIDE, y
secuaz del mítico paramilitar Aníbal Gordon), Andrés Aníbal Ferrero
y Luciano Adolfo Jáuregui, quien pasó a ser jefe en reemplazo del
general Galtieri. La figura más notoria de la represión en Corrientes
-y en otras provincias del Litoral- fue sin duda alguna el general
Nicolaides, quien estuvo al mando de la Brigada VII desde febrero de
1976 hasta diciembre de 1977, cuando lo reemplazó el general Eugenio
Guañabens Perelló. La estructura de la represión planificada por los
jefes de la dictadura se ejecutó a partir de una cadena de mandos que
comenzaba en la Junta Militar, se prolongaba en los cinco comandos de
zona en los que se dividía el país, los 18 comandos de subzona y por
lo menos 54 áreas de seguridad. En Corrientes, la responsabilidad
máxima recaía sobre la jefatura de la Subzona 23, ejercida siempre por
los sucesivos titulares de la Brigada de Infantería VII. Los que
ocuparon ese cargo fueron, como se dijo, Nicolaides y Guañabens
Perelló. El segundo escalón en importancia fue ocupado por los jefes
del Regimiento 9 de Infantería, función que cumplieron en distintas
épocas los tenientes coroneles José Félix Aguiar, Adolfo Pietraneve y
Francisco Gassino. Con el grado de general, Gassino llegó a ser
comandante del Ejército durante la gestión presidencial de Raúl
Alfonsín, lo que demuestra la continuidad que siempre ha tenido el
aparato represivo en la Argentina. Los centros clandestinos de
detención confirmados por la ex Conadep fueron el Regimiento de
Infantería 9, con sede en la avenida 3 de Abril y Costanera, en
Corrientes capital; la Delegación de la Policía Federal en la ciudad
de Corrientes; el Matadero Municipal de la ciudad de Corrientes, y
"El Hípico" o "Campo hípico de Goya", instalado en
la Compañía de Telecomunicaciones 121, en avenida Sarmiento y
Caaguazú de la ciudad de Goya. A fines de los noventa, a partir de
investigaciones realizadas por periodistas correntinos, se supo de la
existencia de otros centros clandestinos en la zona de Loma Pelada, en
Corrientes, y en la estancia La Polaca, de Paso de los Libres, caso que
ha tenido un reciente e inesperado empuje a partir de una investigación
que viene realizando en Buenos Aires el juez federal Claudio Bonadio y
que ha provocado la intervención del juez español Baltasar Garzón.
--Custodiados por expertos
La estructura ideológica del general Nicolaides puede resumirse en
una frase suya que cuesta creer que haya sido tan torpe como para
decirla: "Debemos pensar que hay una acción comunista-marxista
internacional que desde 500 años antes de Cristo tiene vigencia en el
mundo y que gravita en el mundo" (sí alguien duda, y con razón,
de lo que aquí se transcribe puede ver la edición del diario Clarín
de Buenos Aires del 26 de abril de 1981). De tan insigne pensador
surgieron tragedias como la llamada Masacre de Margarita Belén, en el
Chaco, cuyo territorio estaba también dentro de la jurisdicción de la
Brigada VII. Bajo control directo de Nicolaides estuvieron las áreas
231 (departamentos Capital, San Cosme, San Luis del Palmar y Empedrado)
y 235 (Goya), además de las áreas 232 (en Misiones), 233 (en el Chaco)
y 234 (en Formosa). Los órganos de inteligencia dependientes de la
Subzona 23 fueron el Destacamento 124, con sede en Resistencia y la
Sección de ese mismo destacamento que fue instalada en la ciudad de
Formosa.
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Hay una acción comunista-marxista
internacional que desde 500 años antes de Cristo tiene vigencia en el
mundo y que gravita en el mundo" -Nicolaides |
Los jefes del Destacamento 124, en Resistencia, fueron Armando
M. Hornos, Herminio L. R. Quiroz, Roberto L. Martínez, Italo César
Pasquini y Dardo W. Herrera. En la sección del Destacamento 124, en
Formosa, los jefes fueron Francisco J. Molina, Eduardo Gustavo Gomar,
Jorge Alberto Fariña, Julio César Domínguez y Jorge A. Corsiglia. Las
jurisdicciones eran elásticas, al punto que algunos recuerdan que
Corsiglia fue visto en La Polaca, en Paso de los Libres. También
funcionó en Corrientes el Comando de Subzona 24, que dependía de los
comandantes de la Brigada de Infantería III con asiento en Curuzú
Cuatiá. Sus jefes fueron, en los años de la dictadura, los coroneles
Rafael Leonidas Zavalla Corbo, Llamil Reston (que después fue ministro
del Interior), Mario Alfredo Piotti y Omar Edgardo Parada. De esa
subzona dependían las áreas 241 (Curuzú Cuatiá, Sauce, Esquina y
Lavalle), 242 (Monte Caseros), 243 (Paso de los Libres, San Martín y
General Alvear), 244 (Mercedes, Lavalle, San Roque, Bella Vista,
Saladas, Mburucuyá y Concepción) y 245 (Santo Tomé, Ituzaingó, San
Miguel, General Paz, Berón de Astrada e Itatí). El órgano de
inteligencia, en éstos casos, era el Destacamento 123 de Paso de los
Libres. Sus jefes fueron Raúl Angel Portillo, Jorge Oscar Félix Riu,
Francisco J. Molina y Antonio Herminio Simón. El entonces mayor del
Ejército Antonio Herminio Simón tuvo una ajetreada carrera
profesional. En diciembre de 1975 fue destinado al Batallón de
Inteligencia 601, organismo que tuvo a su cargo la planificación de los
grandes operativos "antisubversivos" realizados dentro y fuera
del país. En octubre de 1979, antes de ser trasladado a Corrientes,
pasó a dictar clases en la Escuela de Inteligencia, en la ciudad de
Buenos Aires. Sus materias eran "Exterior" y "Marco
Regional". Además de su tarea oficial, que era la de perseguir
"subversivos", el polifacético Simón estuvo sospechado de
haber participado en los dos secuestros sufridos por el empresario
Osvaldo Sivak, el primero en 1979, el segundo en 1985. Sivak fue
asesinado por la segunda banda que lo secuestró durante la presidencia
de Raúl Alfonsín. Simón nunca estuvo preso, aunque su nombre
apareció mencionado en reiteradas oportunidades.
--Las víctimas
En Corrientes, al igual que en Chaco, Formosa, Misiones, Tucumán y
Jujuy, muchas de las víctimas de la represión fueron trabajadores y
pequeños productores agrarios. La mayoría pertenecía a las Ligas
Agrarias, cuyos asociados fueron objeto de persecución ideológica con
una larga lista de asesinados, detenidos y desaparecidos. La agricultora
Norma Blanca Tomasella, integrante de las Ligas Agrarias correntinas,
está desaparecida desde febrero de 1978. Fue secuestrada en la ciudad
de Buenos Aires, hacia donde había viajado desde su ciudad natal, Goya,
para tratar de escapar a la persecución de la que era víctima desde
mayo de 1977. Cuando Tomasella decidió salir de Goya ya había sido
detenido un hermano suyo que fue puesto a disposición del Poder
Ejecutivo. Quince días después de su partida, su domicilio en Goya fue
allanado por personal de las policías provincial y Federal. La
secuestraron finalmente en Buenos Aires, donde trabajaba en una casa de
familia (ver legajo número 832 de la ex Conadep). Lo mismo le ocurrió
al agricultor Pantaleón Romero, padre de ocho hijos y delegado de las
Ligas Agrarias de Corrientes en su carácter de presidente de la
Cooperativa de Consumo de Perugorría (legajo 827 de la ex Conadep). El
16 de marzo de 1977 lo secuestraron en su domicilio cuatro hombres
armados vestidos de civil. Los secuestradores estaban buscando al hijo
mayor de Romero, Jorge Raúl, pero finalmente se llevaron al padre, que
nunca más apareció.
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En Corrientes,
, muchas de las víctimas de la represión fueron trabajadores y
pequeños productores agrarios. |
El agricultor Juan Antonio Olivos (Legajo 826 de
la ex Conadep), también delegado de las Ligas Agrarias, fue secuestrado
en el paraje Las Palmitas el 16 de marzo de 1977. Otro caso fue el de
Eduardo Fernández (legajo 823), un mecánico que desapareció el 5 de
agosto de 1976 en Bella Vista. Varios detenidos aseguraron haberlo visto
con vida en la Brigada de Investigaciones de Resistencia, Chaco. Abel
Arce, agricultor de Goya, fue secuestrado mientras cumplía el servicio
militar en la Compañía de Telecomunicaciones 121 de esa ciudad. La
desaparición se produjo el 19 de mayo de 1977. Numerosos testigos lo
vieron en el "Campo Hípico" de Goya, instalado dentro del
mismo predio. El padre de Arce había quedado ciego y su madre se
movilizaba en una silla de ruedas. Hubo otro conscripto desaparecido en
la provincia. Argentino Vicente González fue secuestrado el 1° de
enero de 1980 cuando cumplía el servicio militar en el Regimiento de
Infantería 5 de Paso de los Libres. El jefe de la unidad era el
teniente coronel Raúl A. Danniaux, el comandante de la Subzona 24 era
el general Mario Alfredo Piotti y el titular de la Zona II era en ese
momento el general Luciano Jáuregui. Para esa fecha, el responsable del
Destacamento de Inteligencia 123 de Libres era el teniente coronel
Francisco J. Molina. La represión en Paso de los Libres tuvo un caso
colateral, derivado del secuestro en Mendoza de los empresarios Victorio
Cerrutti, Omar Massera Pincolini y Horacio Mario Palma y el abogado
Conrado Gómez, asesor del grupo empresario. Los secuestrados
mendocinos, que fueron llevados a la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA) en Buenos Aires, sufrieron el despojo de la mayoría de sus
bienes, a partir del accionar de un grupo que respondía al almirante
Emilio Eduardo Massera. En febrero de 1977, un comando armado realizó
un procedimiento en un stud de Paso de los Libres que pertenecía a
Conrado Gómez. En los meses de abril y mayo de ese mismo año, todos
los caballos que había en el stud fueron sacados por una orden firmada
por el coronel Juan Carlos Medrano Caro, por entonces jefe del Grupo de
Artillería 3 de Paso de los Libres, otro de los destacamentos que
saturó de uniformados todo el territorio de Corrientes. Los bienes
fueron transferidos a una persona llamada Juan Héctor Ríos, según
informó a la ex Conadep el Jockey Club de Buenos Aires. Lo mismo se
había hecho con otros bienes del grupo empresario en Mendoza. La causa
por los secuestros en la provincia cuyana tuvo una sorpresiva novedad,
en agosto pasado, cuando el juez federal Claudio Bonadio ordenó la
detención de los ex represores de la Esma Jorge Radice, Juan Carlos
Rolón, Francis William Wahmond, Jorge "Tigre" Acosta y Jorge
Perrén, acusados por la sustracción de los bienes a las personas que
estuvieron secuestradas en aquella unidad de la Armada.
--Paso de los
Libres
En Libres, hay registro -en la memoria de sus habitantes- de un solo
desaparecido: Eduardo Héctor Acosta, de 17 años. Se lo llevaron el 22
de marzo de 1976. En horas de la noche, varios individuos golpearon la
puerta de su casa. El joven se asomó por la ventana y por allí lo
sacaron. Las chancletas que llevaba puestas quedaron abandonadas junto a
la ventana, como último testimonio. Nunca más apareció. Además de
Acosta, se recuerdan otros detenidos y torturados, de Libres, que
después fueron dejados en libertad. Sin embargo, en los listados de la
ex Conadep, también figuran como secuestrados y desaparecidos en Paso
de los Libres Arnoldo Harold Buffa, Hilda Zulma Vergara Buffa y
posiblemente Lorenzo Ismael Viñas, hijo del escritor David Viñas. En
la ciudad de Corrientes también fueron secuestrados Vicente Víctor
Ayala, Miguel Angel Calderón, Eduardo Francisco Ferreira, Víctor Hugo
Gauna, Raúl Antonio Méndez, Roque Juan Monzón, Justo José Pelozo,
Dolores Yolanda Reguera, Orlando Diego Romero y Miguel Angel Schlater;
en Alvear desapareció Raúl Antonio Figueredo; en Goya Elida Olga
Goyeneche y en Monte Caseros Justo César Ibarguren. La causa de los
empresarios mendocinos no es la única en manos del juez Bonadio que ha
tenido inesperados avances en los últimos tiempos. El 28 de agosto
pasado se produjo la detención, en Barcelona, de Claudio Scagliuzzi,
quien podría ser extraditado a la Argentina. La causa tiene relación
con la desaparición de 18 miembros de la organización Montoneros que
fueron secuestrados entre los años 1979 y 1980, durante la llamada
"contraofensiva" para intentar derrocar a la dictadura
militar. Scagliuzzi, por ser civil, no puede ampararse en la ley de
Obediencia Debida. En la misma causa están imputados los generales
Nicolaides y Santiago Omar Riveros, hoy detenidos por su responsabilidad
en el plan sistemático de robos de bebés. Scagliuzzi es hijo de un
militar ya fallecido. El detenido vivía actualmente en España con
Claudia Tolchinsky, una ex militante montonera a la que conoció cuando
ella estaba secuestrada en Campo de Mayo. En el expediente que lleva
Bonadio se investigan, entre otros, los asesinatos de Ricardo Zucker,
hijo del actor Marcos Zucker y de Lorenzo Viñas, hijo de David Viñas.
El secuestro de Viñas hijo se produjo el 26 de julio de 1980
posiblemente en Paso de los Libres o en la vecina ciudad brasileña de
Uruguayana. Lo detuvieron junto con el sacerdote Jorge Adur. Según
declaró Tolchinsky ante el juez Bonadio, tanto Viñas como Adur
estuvieron con ella en Campo de Mayo, que mantenía una fluida
comunicación con Paso de los Libres, con el centro clandestino de
detención y exterminio que funcionó en la estancia La Polaca, cuya
existencia fue confirmada en abril de 1998 por el matutino "El
Diario", de Corrientes. Tolchinsky dijo que Viñas y Adur habrían
sido víctimas de los llamados "vuelos de la muerte", versión
que coincide con las sospechas que indican que los cuerpos de las
víctimas que pasaron por La Polaca eran arrojados al río Uruguay o
bien sepultados en fosas comunes en la isla El Pacú. La estancia, que
debe su nombre a sus primeros propietarios, originarios de Polonia, fue
cedida en 1976 al Destacamento de Inteligencia 123 del Ejército. En
1979, cuando el coronel Francisco J. Molina estaba al mando del
destacamento, recibió la orden de organizar un sistema de
"marcadores" para detectar el ingreso de montoneros
provenientes de Brasil. La orden fue emitida por la jefatura del
Batallón 601 de Inteligencia, con sede en Buenos Aires, del que
dependían todos los organismos del área que funcionaban a lo largo y
ancho del país.
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Bonadio investiga, los asesinatos de Ricardo Zucker,
hijo del actor Marcos Zucker y de Lorenzo Viñas, hijo de David Viñas |
De acuerdo con informaciones coincidentes provenientes
de ex miembros de los servicios de inteligencia, el plan para el
secuestro y desaparición de los montoneros se denominó "Operativo
Murciélago" y su organizador fue el coronel Carlos Alberto Roque
Tepedino. Este militar estuvo al frente del Batallón 601, ubicado en la
esquina de Callao y Viamonte, en Buenos Aires, desde el 27 de octubre de
1976 hasta fines de septiembre de 1979. A partir de esa fecha, Tepedino
pasó a desempeñarse como titular de la Secretaría de Seguridad
Interior del Ministerio del Interior, función en la que permaneció
hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando los militares dejaron la Casa
de Gobierno para que asumiera el presidente electo Raúl Alfonsín.
Lejos de desaparecer de la escena, Tepedino siguió trabajando en el
área de su especialidad, esta vez como "adscripto" al
Departamento de Informática de la Jefatura II Inteligencia del Comando
en Jefe del Ejército, durante la larga gestión de ocho años del
general Martín Balza. Es extraordinaria la conexión que siempre hubo
entre Campo de Mayo, el Batallón 601 de Inteligencia y Paso de los
Libres. Algunos "enroques" resultan "sugestivos".
Balza, por ejemplo, estuvo en los primeros años en Campo de Mayo y
luego, a partir del 1° de noviembre de 1979, con el grado de teniente
coronel, fue jefe del Grupo de Artillería 3 de Paso de los Libres, en
coincidencia con el comienzo de la "Operación Murciélago"
contra Montoneros. En cambio, Nicolaides primero estuvo en Corrientes y
después pasó a Campo de Mayo. Tepedino, cuya extradición fue
solicitada por el juez español Garzón porque se supone que podría
tener en su poder los archivos que revelarían el destino final de miles
de desaparecidos, estuvo procesado por encubrimiento en la causa en la
que se investigó el asesinato de la diplomática Elena Holmberg,
atribuido a un grupo de tareas de la ESMA. En esa misma causa aparece
involucrado el coronel Omar Edgardo Parada, ex jefe de la Brigada III de
Infantería con asiento en Curuzú Cuatiá. El general Tepedino fue
beneficiado con el indulto por el presidente Carlos Menem. Después
Tepedino estuvo cumpliendo funciones en el Comando en Jefe del
Ejército, durante los ocho años durante los cuales el general Balza se
ganó el mote de militar "progresista" por un público mea
culpa por el genocidio. En 1994, Tepedino habría sido el responsable de
la maniobra de encubrimiento que dejó en un cono de sombra buena parte
de la investigación por el asesinato del soldado Omar Carrasco,
ocurrido ese año en la ciudad de Zapala, provincia de Neuquén (ver
nota publicada por el autor de este trabajo en el diario Página/12 del
14 de junio de 1997). Por el caso Carrasco sólo fueron condenados dos
soldados conscriptos y un subteniente, supuestos autores del crimen. En
cambio, todavía está demorado -y tal vez no se haga nunca- el juicio
por el encubrimiento. En él están procesados más de diez oficiales,
entre ellos el jefe de auditores del Ejército durante la gestión
Balza, general Carlos Alberto Ferrario. Ese juicio, si se llegara al
fondo, podría hasta demostrar la inocencia de las tres personas que
fueron condenadas y que, en dos de los casos, ya cumplieron las dos
terceras partes de la sentencia y recuperaron su libertad. Todo eso,
antes de que se conozca la verdad.
--El caso Guadix
En abril de 1998, por primera vez, un medio de Corrientes reveló la
existencia del campo de detención y exterminio que funcionó en la
estancia La Polaca de Paso de los Libres. Las víctimas llegaban por
avión, desde Campo de Mayo y otros lugares del país, o bien eran
secuestradas en la frontera con Brasil, por el sistema de
"marcadores" que había instrumentado el coronel Molina por
orden del general Tepedino. Un ex paramilitar "arrepentido",
que trabajó en La Polaca, hizo declaraciones que nunca fueron
investigadas, pero que en buena medida concuerdan con datos conocidos en
varias causas judiciales, incluida la ya citada del juez Bonadio. Según
el "arrepentido", el jefe de los "marcadores" fue el
sargento primero de la Policía Federal Héctor Julio Simón, alias el
"Turco Julián", quien efectivamente fue trasladado a Paso de
los Libres, como "adscripto" al Batallón 601 de Inteligencia
para trabajar en conjunto con el Destacamento de Inteligencia 123.
"Julián", que durante años ha vigilado a ex detenidos a los
que había torturado personalmente, vivió en una casa de Alisio 868, en
Paso de los Libres, y también cumplió funciones en la ciudad de Goya.
En Uruguayana hizo tareas de inteligencia y fue custodio del "mano
santa" Carlos Eustaquio Barbosa, más conocido como
"Garrincha". En los primeros tiempos se hacía pasar por
vendedor ambulante. Uno de los casos que investiga Bonadio es el de
Gervasio Martín Guadix, cuya desaparición había sido denunciada en
Buenos Aires, por sus familiares, el 26 de agosto de 1980. Había salido
de su casa, en el barrio porteño de Boedo, para dirigirse a la esquina
de Nazca y Gaona, en Flores, para encontrarse con un amigo. En la
mañana del 27 de agosto también fue secuestrada Edith Aixa María
Bona, la esposa de Guadix. La mujer fue llevada a Campo de Mayo y en
varias ocasiones sus custodios le aseguraron que su esposo estaba en esa
guarnición y que lo tenían "colgado", supuestamente sometido
a sesiones de tortura. Ella nunca lo pudo ver personalmente y luego de
pasar varios años detenida a disposición del Poder Ejecutivo pudo
recuperar su libertad. El caso de Guadix llegó a ser presentado ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), meses después de
la visita que realizó a la Argentina y que le permitió comprobar las
violaciones a los derechos humanos ocurridas en el país. El 26 de
diciembre de 1980, los diarios nacionales y provinciales publicaron la
noticia del presunto suicidio de Gervasio Martín Guadix, en el puente
internacional que une Paso de los Libres con Uruguayana. En el
comunicado oficial del Comando en Jefe del Ejército se aseguraba que el
episodio ocurrió a las 0,45 del 2 de diciembre de 1980, pero en el
expediente judicial se consignó como fecha de los sucesos el 5 de
diciembre, a las 5,40 de la mañana. El dato, aunque pueda parecer
irrelevante, es sintomático en todas las causas truchadas por el
Ejército. En la causa por la muerte del soldado Omar Carrasco también
aparecen distintos horarios o escenarios en aspectos en apariencia
pueriles, pero que certifican la existencia de sumarios falsificados.
Otro dato llamativo, insólito, es la forma en que los testigos narran
las circunstancias en las que Guadix presuntamente se llevó a la boca
un frasco con cianuro. Ninguno de los que dijeron haber estado presentes
cuando ocurrió el "suicidio" señaló la presencia de un
operativo que indicara la inminente detención de Guadix. Sin embargo,
dicen que se bajó del micro de la empresa "Expreso Americano"
en el que viajaba y se puso "muy nervioso" por razones que
nadie explica. Sin que mediara orden de detención, los declarantes
-casi todos gendarmes o funcionarios de la Aduana- aseguraron que Guadix
se llevó el frasco a la boca mientras decía una frase de película:
"Soy del Ejército Montonero, me autoelimino, soy montonero".
Es obvio decir que cualquier persona normal y Guadix lo era, hubiera
dicho simplemente "me suicido".
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Los
diarios nacionales publicaron el presunto suicidio de
Guadix, en el puente Paso de los Libres- Uruguayana. |
Todo hace pensar que Guadix
habría pasado el puesto fronterizo sin dificultades con la
documentación falsa que tenía, a nombre de Alberto Lucio Castillo. Tan
esa así que las primeras informaciones oficiales sobre el caso habían
sido difundidas identificando al muerto como Castillo y no como Guadix.
¿Si tardaron tanto en descubrir el verdadero nombre ¿cómo podrían
haberlo identificado esa noche en el puente internacional, con un margen
de tiempo mucho menor? Informaciones posteriores, conocidas en Buenos
Aires a través de otro paramilitar "arrepentido", señalaron
que la supuesta muerte de Guadix en Paso de los Libres fue apenas un
simulacro a cargo de un militar con cierto parecido físico que se hizo
pasar por la víctima, que había sido asesinada previamente. Todo
habría sido una parodia, como el mentado "enfrentamiento" en
el que murieron después los dirigentes montoneros Osvaldo Cambiaso y
Eduardo Pereira Rossi, cerca de San Nicolás, o Raúl Yaguer en
Córdoba. Todos habían sido secuestrados previamente, pero los
simulacros sirvieron para mantener vivo el fantasma de la
"subversión". Llama poderosamente la atención que el sumario
de prevención del caso Guadix haya sido virtualmente cerrado, con la
autopsia, extracción de muestras para pericias complementarias, decenas
de declaraciones y trámites, entre las 7,20 y las 20,10 del citado 5 de
diciembre. El veloz instructor, el primer alférez de Gendarmería Oscar
Alberto Olari, ordenó esa misma noche la inhumación de los restos en
el cementerio de la Santa Cruz, en Paso de los Libres. El cuerpo nunca
fue entregado a la familia y estaría sepultado en el "extremo sur
del predio del cementerio, a unos quince metros de la alambrada".
La causa fue cerrada en 1981, con intervención tardía y postrera de la
Justicia Federal. El caso Guadix está incluido en la investigación que
lleva ahora Bonadio y la familia de la víctima pugna por echar luz
sobre las irregularidades que se advierten en la causa y que podrían
revelar los aspectos más siniestros de la represión en Corrientes.
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